CUARESMA
La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión que comienza
el miércoles de Ceniza y termina antes
de la Misa de la Cena del Señor del
Jueves Santo.
Un tiempo que marca la
Iglesia para prepararnos
a la gran fiesta de la Pascua.
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María Stma. de Criptana, en Cuaresma
Foto: Serafín Díaz-Pacheco |
El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa
luto y penitencia. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión
espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.
Por ello, la Cuaresma es el tiempo del perdón y de la
reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la vida, hemos de arrojar de
nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a
nuestro amor a Dios y a los hermanos. En Cuaresma, aprendemos a conocer y apreciar
la Cruz de Jesús y aprender también a
tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.
La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del
número cuarenta en la Biblia. En ésta, se habla de los cuarenta días del
diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de
los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que
pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años
que duró la estancia de los judíos en Egipto.
En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo
material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra,
seguido de pruebas y dificultades.
La práctica de la Cuaresma data desde el siglo IV, cuando se
da la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para
toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con
bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la
práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en
occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.
En la foto:
Nuestra Patrona la Stma. Virgen de Criptana con
el manto
color Burdeos de mediados del S. XIX, con bordados florales
en forma
de guirnalda en oro y plata.
Con su delantal y cápita del niño de la misma hechura.
Perteneciente a la antigua imagen de la
Virgen destruida en guerra.
Acompaña una Mantilla de tul color marfil, bordada en seda
y donada por D. Daniel Mínguez (1995).